The Prague Post - Los yakuzas, desplazados por una nueva generación de criminales en Japón

EUR -
AED 4.2825
AFN 76.369722
ALL 92.312552
AMD 425.41519
ANG 2.087065
AOA 1070.479475
ARS 1760.249523
AUD 1.629768
AWG 2.093148
AZN 1.985343
BAM 1.954483
BBD 2.347829
BDT 143.143553
BGN 1.978131
BHD 0.439526
BIF 3476.736353
BMD 1.166099
BND 1.481378
BOB 13.411021
BRL 6.013221
BSD 1.165675
BTN 111.550318
BWP 15.61928
BYN 3.492986
BYR 22855.546505
BZD 2.344431
CAD 1.615205
CDF 2655.793198
CHF 0.936879
CLF 0.027061
CLP 1065.034136
CNY 7.838694
CNH 7.840246
COP 3577.114587
CRC 528.171308
CUC 1.166099
CUP 30.901632
CVE 110.191228
CZK 24.092078
DJF 207.571923
DKK 7.475082
DOP 68.557335
DZD 155.159992
EGP 59.248328
ERN 17.49149
ETB 190.418099
FJD 2.584541
FKP 0.854629
GBP 0.855392
GEL 3.037698
GGP 0.854629
GHS 12.968318
GIP 0.854629
GMD 86.291078
GNF 10242.625795
GTQ 8.895045
GYD 243.876728
HKD 9.140096
HNL 31.263544
HRK 7.534523
HTG 152.497905
HUF 363.081369
IDR 20684.269587
ILS 3.500043
IMP 0.854629
INR 111.639724
IQD 1527.077641
IRR 1602890.960551
ISK 141.004712
JEP 0.854629
JMD 184.417326
JOD 0.826749
JPY 185.826672
KES 150.90477
KGS 101.975556
KHR 4717.841466
KMF 493.259688
KPW 1049.489723
KRW 1612.493481
KWD 0.359881
KYD 0.971354
KZT 533.275266
LAK 26188.467157
LBP 104395.522943
LKR 383.41331
LRD 211.568358
LSL 18.682792
LTL 3.443188
LVL 0.705362
LYD 7.383089
MAD 10.812461
MDL 20.142687
MGA 5018.876646
MKD 61.483574
MMK 2448.503774
MNT 4191.271336
MOP 9.408401
MRU 46.670956
MUR 53.967369
MVR 18.027687
MWK 2021.342076
MXN 19.766351
MYR 4.719231
MZN 74.519524
NAD 18.682872
NGN 1571.004224
NIO 42.901094
NOK 10.84938
NPR 178.478215
NZD 1.956165
OMR 0.448363
PAB 1.16562
PEN 3.913563
PGK 5.245421
PHP 72.003157
PKR 323.455906
PLN 4.306399
PYG 7005.61022
QAR 4.249255
RON 5.252232
RSD 117.303713
RUB 97.775765
RWF 1718.157083
SAR 4.375077
SBD 9.351388
SCR 16.179337
SDG 701.47422
SEK 11.078713
SGD 1.481759
SHP 0.863923
SLE 28.744154
SLL 24452.51861
SOS 666.156873
SRD 44.045317
STD 24135.901402
STN 24.483294
SVC 10.199215
SYP 15161.623138
SZL 18.677377
THB 38.21306
TJS 10.770689
TMT 4.093009
TND 3.394228
TOP 2.807687
TRY 56.092062
TTD 7.913736
TWD 37.194482
TZS 3090.160776
UAH 52.142051
UGX 4342.093024
USD 1.166099
UYU 46.718722
UZS 13777.775956
VES 913.851565
VND 30499.327492
VUV 138.210231
WST 3.167016
XAF 655.520948
XAG 0.017176
XAU 0.000252
XCD 3.151442
XCG 2.100803
XDR 0.824493
XOF 655.520948
XPF 119.331742
YER 276.463474
ZAR 18.681564
ZMK 10496.28973
ZMW 22.11914
ZWL 375.483503
Los yakuzas, desplazados por una nueva generación de criminales en Japón
Los yakuzas, desplazados por una nueva generación de criminales en Japón / Foto: Frank Zeller - AFP/Archivos

Los yakuzas, desplazados por una nueva generación de criminales en Japón

Cuando Takanori Kuzuoka empezó a ascender en el mundo del crimen, nunca pensó en unirse a los yakuzas, histórica mafia japonesa conocida por sus tatuajes, su jerarquía rígida y su código de honor.

Tamaño del texto:

Prefirió integrar la red "tokuryu", más joven, más tecnológica y más opaca, donde jefes anónimos reclutan en las redes sociales a soldados rasos para hacer el trabajo sucio durante una misión concreta, desde el fraude hasta el atraco.

Esta nueva forma de criminalidad, que permite a los capos permanecer ocultos tras mensajes cifrados, eclipsa hoy a los delincuentes de la vieja escuela.

A lo largo de una correspondencia de cinco meses desde su celda de prisión, Kuzuoka brindó a la AFP una visión extraordinaria del interior de los "tokuryu", un universo violento y sin escrúpulos donde gran parte de los millones se obtiene estafando a la envejecida población de Japón.

Práctica y filosofía que los yakuzas desprecian, mafiosos de antaño que presumen de no atacar a los pobres ni a los débiles, pero cuyo imperio de varios miles de millones de dólares se reduce tras años de estrictas leyes antimafia.

"Los yakuzas pierden atractivo entre los jóvenes", admite un delincuente de alto rango, aliado de un clan importante de los yakuzas.

Quienes "llegan a nosotros fantaseando con el lujo y el glamour descubren rápidamente que la realidad no es la que imaginaban", prosigue este capo durante una entrevista telefónica que la AFP tardó meses en organizar.

La generación Z y los milenios no están dispuestos a empezar desde lo más bajo de la jerarquía. "No les gusta estar encadenados" por las restricciones propias de los yakuzas, estructurados según un código rígido, "prefieren unirse a los tokuryu", flexibles, descentralizados y sin reglas, explica.

— Muy bien pagos —

"Nunca entendí el interés de ser yakuza hoy en día", confiesa Takanori Kuzuoka, a quien la AFP logró contactar en el norte de Japón tras escribir a más de 30 centros penitenciarios de todo el país.

Con buena caligrafía, el joven de 28 años relata cómo fue escalando en el mundo del crimen organizado. Primero como miembro de los bosozoku, esas bandas de moteros adolescentes rebeldes, antes de convertirse en un perfil "multitarea" dentro de los tokuryu como reclutador, coordinador y ejecutor.

Dice haber trabajado en ocasiones en estrecha colaboración con jefes cuya identidad le era desconocida incluso a él. Y haber captado en línea a reclutas en el mercado negro de los pequeños trabajos, el yami baito.

Si los candidatos suelen ser jóvenes marginados y en busca de dinero fácil, otros son presas más ingenuas, arrastradas casi contra su voluntad a la delincuencia.

"Cada día innumerables personas picaban el anzuelo de los anuncios dudosos que publicaba" en X para empleos "muy bien pagos", relata, citando a un ludópata, una trabajadora sexual o incluso a un miembro de una boy band.

Un funcionamiento cercano al del sector del crimen en China, que dirige estafas a escala industrial hasta en Camboya o Birmania.

Las autoridades japonesas estiman que el fraude organizado, actividad principal de los tokuryu, costó a la sociedad nipona 72.200 millones de yenes (unos 470 millones de dólares) entre enero y julio, superando ya el récord histórico del año pasado.

La lucha contra esta nueva red criminal constituye la "máxima prioridad en materia de mantenimiento del orden público" para la policía de Tokio, que en octubre creó una nueva unidad de 100 agentes para "destruirla".

— La estafa del "¡Soy yo!" —

Los tokuryu, literalmente "anónimos y fluidos", operan de una manera cambiante que impide "remontar hasta los autores intelectuales durante las detenciones", explica un detective antimafia retirado, Yuichi Sakurai.

Se forman "equipos de proyecto" ad hoc exclusivamente para cometer un delito específico y puntual, detalla. Los ejecutores de menor rango se dispersan y se reagrupan con una fluidez "similar a la de una ameba", añade.

Su especialidad son las estafas, en particular la del "¡Soy yo!". Consiste en que los delincuentes llaman a personas mayores haciéndose pasar por sus hijos o nietos, suplicándoles que les entreguen dinero para reparar un error que avergonzaría a la familia.

También son los reyes de la estafa disfrazada. Vestidos con trajes elegantes se hacen pasar por policías, banqueros o funcionarios para despojar a sus víctimas.

Tampoco dudan en llevar a cabo atracos violentos.

Eso fue lo que condujo a Takanori Kuzuoka a prisión, condenado por robo con secuestro de menores. Blandiendo tijeras, el joven dirigió en 2022 a un grupo de ladrones que atacó a una madre y ató a sus hijos con cinta adhesiva para obligarla a entregarles 30 millones de yenes (unos 194.000 dólares) en efectivo.

— Deriva del código de honor —

El fraude y la brutalidad contra personas vulnerables son modos operativos que contradicen las reglas de los yakuzas. Estos últimos reivindican el uso de la violencia para defender sus , pero se honran de perdonar a los ciudadanos comunes, afirma un exmiembro en la ciudad de Gifu (centro del país).

"Peleé mucho e incluso maté a un hombre, pero nunca maltraté a los débiles", declara el septuagenario que pasó 15 años entre rejas por el asesinato de un rival. "Es una gran desviación con respecto a nuestro tradicional código de honor", destaca.

Los yakuzas han ocupado durante mucho tiempo un lugar particular en la sociedad japonesa.

Conocidos por sus tatuajes y por la amputación de falanges a los culpables, proceden de los bakuto, organizadores de juegos de azar ilegales activos hace dos siglos.

Surgidos en el caos del Japón de la posguerra, dominaron durante años el hampa gracias al tráfico de drogas, los garitos clandestinos, el comercio sexual, la extorsión o el cobro de protección, llegando incluso a aventurarse en sectores legales como el inmobiliario, el entretenimiento o la gestión de residuos.

A diferencia de la mafia italiana o de las tríadas chinas, los yakuzas no son ilegales y operan a la vista de todos. Reivindican un papel social activo y hacen cumplir el orden en zonas marginadas.

Enalteciendo el "deber y la humanidad", el más poderoso de los tres grandes clanes, el Yamaguchi gumi, prestó ayuda tras varios terremotos, en particular el de 1995 que golpeó Kobe, ciudad donde tiene su base.

Como los demás clanes, este se rige por una estricta jerarquía en la que el oyabun (jefe supremo) mantiene relaciones cuasi paternales con sus jikisan (fieles directos), generalmente llamados a dirigir sus propias organizaciones secundarias, que a su vez se ramifican en estructuras terciarias, formando así una pirámide.

— Más fuerte que la sangre —

Una casta aparte, compuesta por hombres de cabello engominado y trajes llamativos, omnipresentes en la cultura popular, del manga a las series de televisión.

"Dondequiera que iban los yakuzas, la gente se inclinaba ante ellos", cuenta Yoshiro Nishino, exmafioso de 47 años.

Se unió a sus filas siendo un adolescente marginado, estableciendo lazos seudofamiliares "más fuertes que la sangre, que me hacían sentir aceptado", explica, evocando los ritos de iniciación como el intercambio de copas de sake con el patriarca de su clan.

Recuerda su deslumbramiento ante criminales nadando en el lujo, con coches caros y bolsos de marca, detalla quien hoy dirige un hogar para exdelincuentes cerca de Tokio.

Durante mucho tiempo tolerados como un mal necesario, su declive comenzó a medida que aumentaba la violencia y disminuía la tolerancia de la sociedad.

La sangrienta guerra interna del Yamaguchi gumi, concluida en 1989 tras cuatro años, más de 20 muertos y cientos de heridos, llevó al gobierno a adoptar en 1992 una primera ley antigánster que puso a los yakuzas bajo vigilancia.

Un informe de la policía nacional señalaba en 2007 que recurrían a "la violencia para amenazar a los ciudadanos". Luego nuevas leyes en 2011 buscaron erradicarlos, privándolos de servicios básicos como abrir cuentas bancarias, alquilar una vivienda o contratar un plan telefónico.

Su prestigio se vio mermado el año pasado, y su número alcanzó un mínimo histórico de 18.800 miembros, una caída de casi 80% desde 1992.

— Mentes pensantes —

El vacío fue ocupado en los últimos diez años por las bandas hangure, jóvenes criminales independientes y menos estructurados, pero calificados por la policía como "casi yakuzas".

Como muchos otros, Takanori Kuzuoka pasó por estos grupos, donde los vínculos no están regidos por la jerarquía sino por la camaradería.

Los hangure pueden "pasar fácilmente por simples ciudadanos", explica. A diferencia de los yakuzas "pueden lanzarse a negocios legales como la organización de combates de artes marciales, salones de belleza o marcas de moda", anade.

La mayoría de los tokuryu están dirigidos por estos hangure, estiman las autoridades. Se trata de mentes pensantes que observan cierta lealtad entre ellas, a diferencia de los reclutas en línea, que son "perfectos desconocidos entre sí y cuyas relaciones pueden desintegrarse fácilmente y dar lugar a traiciones", según Takanori Kuzuoka.

A pesar del desprecio que manifiestan hacia estos jóvenes arribistas del crimen, la codicia empuja a algunos yakuzas a asociarse con los tokuryu.

"Tenemos la confirmación de que parte de los ingresos obtenidos de los delitos tokuryu va a parar a organizaciones yakuzas", precisa la policía de Tokio, estimando que la vieja mafia sigue siendo "una amenaza seria para la seguridad pública" en Japón.

— Cooperación —

Los yakuzas no siempre participan activamente en las estafas o en los robos de los hangure, pero se quedan con una parte de las ganancias, según el exdetective Yuichi Sakurai.

"Les advierten: 'ni hablar de que ganen dinero a nuestras espaldas' y, a cambio, los yakuzas ofrecen su protección a los jefes tokuryu",prosigue.

La cooperación puede ir más lejos. En ocasiones los yakuzas ayudan a los tokuryu a reclutar e incluso a cometer delitos, según Yukio Yamanuchi, exabogado del clan Yamaguchi gumi, que cuenta con 6.900 miembros y asociados.

"Algunos yakuzas de rangos inferiores recurren a la estafa porque tienen serias dificultades para llegar a fin de mes. Eso demuestra hasta qué punto las oportunidades son escasas para ellos", añade.

Y ello a pesar de que los jefes de los clanes ordenan a sus subordinados no involucrarse en el fraude, señala el abogado.

"Ganar dinero engañando a la gente no es lo que se supone que deben hacer los yakuzas", insiste el alto cargo yakuza con el que la AFP habló por teléfono.

En el barrio de su clan los habitantes siguen contando con los yakuzas para protegerlos de otras organizaciones criminales, en particular de bandas del sudeste asiático, afirma. "La sociedad nos necesita", asegura, convencido de que la mafia histórica "no desaparecerá".

En la prisión donde cumple una condena de nueve años, Takanori Kuzuoka tuvo tiempo para reflexionar sobre lo que hizo "a sangre fría" y sobre la infancia difícil que lo llevó hasta allí.

La vida en el hampa "me deformó y me dejó casi desprovisto de toda emoción. Ahora veo hasta qué punto lo que hicimos fue cruel, demoníaco e inhumano. Cargaré con mis pecados hasta el final de mis días", detalló por escrito a la AFP.

G.Kucera--TPP