El Salvador, de enclave pandillero a nuevo imán de turistas
Entre olas y atardeceres de postal, turistas extranjeros disfrutan la playa salvadoreña de El Tunco, antaño plagada de pandilleros. No escatiman elogios para el presidente Nayib Bukele, aun cuando admiten que en su ofensiva pueden haber caído inocentes.
El Salvador vive un boom turístico tras reducir la violencia criminal a mínimos históricos, bajo un estado de excepción que permitió encarcelar sin orden judicial a decenas de miles de presuntos pandilleros.
Aunque su país se precia de tener algunas de las playas más atractivas del mundo, el costarricense Juan Gabriel López vacacionó con su esposa en El Tunco, paraíso de surfistas que se pasean con sus tablas embadurnados de protector solar.
Como muchos otros, llegó atraído no solo por las bellas puestas de sol y los recientes conciertos de Shakira, sino por la seguridad ampliamente publicitada por Bukele y sus seguidores 'influencers'.
"Si quiere comprobar la seguridad de El Salvador, váyase al lugar más feo, más oscuro, siéntese en una piedra y espere el amanecer", recomienda el mandatario a los extranjeros.
En sus redes sociales con millones de seguidores, Bukele difunde videos de surfistas en olas gigantes y a Shakira la presentó como ejemplo de que el país "está cambiando".
"Un cambio radical", atestigua López, ingeniero de 44 años, quien llegó desde Limón, un puerto del Caribe costarricense azotado por narcotraficantes.
- "Justos por pecadores" -
Pero oenegés como Amnistía Internacional y Human Rights Watchs denuncian el costo de la guerra contra las pandillas: bajo el estado de excepción han sido detenidas unas 90.000 personas, incluidos unos 8.000 inocentes ya liberados, reconoce el gobierno.
En una carta abierta, Movir, un colectivo de familiares de detenidos, expresó a Shakira la preocupación de que su gira "Las mujeres ya no lloran" fuera usada por Bukele para "encubrir la injusticia y sus condenables actos".
"En El Salvador también lloran las mujeres, madres y familiares de las víctimas inocentes que sufren cárcel, tortura y muerte, desalojos forzados, persecución y juicios amañados", señaló la misiva.
Las denuncias, sin embargo, no afectan la popularidad del mandatario de 44 años, apoyado por nueve de cada diez salvadoreños, según encuestas. Tampoco espantan a los turistas.
"Como en todo proceso de cambio, siempre va a existir ese 'justos pagan por pecadores'", dice López en una animada calle de bares y restaurantes, donde venden camisetas estampadas con el rostro de Bukele usando sus acostumbradas gafas de sol.
De visita con sus padres en El Tunco, el neerladés Camille Schyns, radicado en Guatemala, dice estar enterado de que hay "bastantes violaciones de derechos humanos" y que "están arrestando a gente" sin el debido proceso.
"Pero al mismo tiempo (...) lo que me dice la gente que conozco, los salvadoreños, es que les gusta que la seguridad ha aumentado muchísimo", comentó a la AFP.
- En el mapa turístico -
Bukele, quien se define irónicamente como "dictador cool", no desaprovecha ocasión para promocionar el modelo de seguridad que llevó al gobierno de Donald Trump a bajar al mínimo el nivel de alerta para los estadounidenses que viajen al país.
Con playas sobre el Pacífico, volcanes y ruinas arqueológicas, El Salvador recibió el año pasado 4,1 millones de visitantes, 60% más que en 2019 cuando Bukele llegó al poder.
No es poca cosa en un país de seis millones de habitantes, donde el turismo en 2025 representó ingresos por 3.600 millones de dólares, casi un 10% del PIB nominal.
"Somos los líderes en visitantes internacionales. El Salvador está ahora en el mapa como sede de eventos", dijo hace poco a la prensa internacional la ministra de Turismo, Morena Valdez, quien recordó que su país acogió el Miss Universo en 2023.
Shakira ofreció cinco conciertos que atrajeron a más de 144.000 asistentes, casi la mitad extranjeros que dejaron una ganancia de 110 millones de dólares, según el gobierno.
En esa multitud había decenas de miles de guatemaltecos y hondureños, cuyos países sufren el terror de las pandillas.
"Ya desearíamos tener en Guatemala la tranquilidad que se vive aquí", dijo a la AFP Glendy Pineda, de 45 años, durante uno de los conciertos.
Incluso el turista costarricense, cuyo país tiene fama de defensor de derechos humanos, alaba el modelo Bukele: "Nos gustaría dar este paso", sostuvo.
R.Rous--TPP