The Prague Post - Tener 20 años en La Habana, entre apagones, amigos que se van y crisis

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Tener 20 años en La Habana, entre apagones, amigos que se van y crisis
Tener 20 años en La Habana, entre apagones, amigos que se van y crisis / Foto: ADALBERTO ROQUE - AFP

Tener 20 años en La Habana, entre apagones, amigos que se van y crisis

Cuando los apagones convierten a La Habana en una ciudad fantasma, algunos jóvenes buscan refugio en partidas de dominó o encuentros improvisados. En una Cuba marcada por la emigración y la crisis, salir, hacer amigos y divertirse también se ha vuelto un desafío.

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A sus 24 años, Melanie Tejeda apenas conserva amigos en la isla. De los 43 estudiantes que comenzaron con ella la carrera de actuación hace dos años, solo cinco siguen en Cuba.

Por eso llegó sola a El Bejuco, un bar privado del Vedado donde los jóvenes se dan cita para jugar dominó, conversar o simplemente escapar del apagón.

"Las amistades ya no están", cuenta Tejeda a la AFP. Muchas de ellas viven ahora en Miami, Madrid u otros destinos. El contacto se reduce a mensajes de WhatsApp o Instagram, cuando la conexión a internet lo permite.

Sin nadie a quien llamar para tomar un café o charlar, se sentó junto a un grupo de desconocidos en una mesa de dominó.

"El dominó es una de las cosas culturales que se han quedado, que todavía existen y que nos mantiene unidos", dice al finalizar una partida.

Por las noches, cuando la ciudad queda a oscuras, El Bejuco, levantado sobre las estructuras de dos antiguas viviendas, es uno de los pocos locales que permanece iluminado gracias a un generador adaptado para funcionar con gas natural.

Yadier Delgado, su gerente de 24 años, lo define como "un refugio para toda la juventud que hoy aún no encuentra qué hacer".

"No hay muchas opciones. Casi todos los lugares no han sabido cómo mantenerse abiertos en estas circunstancias", comenta Delgado.

- "Yo me voy" -

En el segundo piso del local, Sian Dimitri Felipe, de 22 años, comparte una partida de videojuegos con un amigo.

Aprendió programación de forma autodidacta durante la adolescencia y desarrolla un videojuego propio, aunque reconoce que trabajar en Cuba supone desafíos constantes.

"Programar sin luz y sin conexión es un problema". Entonces "puedes venir a jugar aquí o quedarte en un apagón, que te piquen los mosquitos y coger dengue", resume.

Pertenece a una generación demasiado joven para conocer la intensa vida cultural que durante décadas caracterizó a la capital cubana. Muchos de los teatros, cines y salas de conciertos que animaban las noches habaneras han cerrado o reducido drásticamente sus funciones.

El bloqueo petrolero impuesto desde enero por Washington ha sumido al país en una crisis energética sin fin, que golpea todos los ámbitos de la vida, incluido el ocio.

Siam recuerda que hasta hace muy poco "había un sentimiento de comunidad" entre los jóvenes, de "tribu urbana" que compartía espacios, pero lamenta que "eso ya no existe".

Confiesa que a veces extraña sentarse en la calle a conversar con amigos. Ahora, estar en la calle en medio de la oscuridad puede resultar peligroso debido al clima de inseguridad que generan los prolongados cortes eléctricos.

Al igual que muchos otros jóvenes, tampoco imagina su futuro en Cuba. "Yo me voy", asegura. "Todo joven en este país la idea que tiene es irse", acota.

- Dinero -

Sian gana algo de dinero realizando trabajos de programación para clientes en Miami y Tejeda anima fiestas infantiles para asegurarse algunos ingresos, pero la crisis económica también pesa sobre los jóvenes.

"No es factible salir mucho. El poco dinero que entra lo tienes que coger para otras cosas", explica Yurisladys Mora, una creadora de contenido de 23 años, a la salida de una discoteca en La Habana Vieja.

Es una de las pocas salidas nocturnas que se ha permitido en los últimos meses. Buena parte de sus ingresos los destina a comprar medicamentos en el mercado informal para tratar las secuelas de un accidente en una moto eléctrica.

La calle sigue siendo, sin embargo, un espacio de ocio gratuito. Cada fin de semana, en el Paseo del Prado, a las puertas de La Habana Vieja, grupos de jóvenes se reúnen para bailar o patinar hasta altas horas de la noche.

Israel Quiala, de 17 años, llega desde San Miguel del Padrón, un barrio de la periferia situado a unos 20 kilómetros del centro. Armado solo con una bocina portátil, pasa horas ensayando coreografías junto a otros jóvenes.

Para los adultos puede ser "un poco difícil", pero "ellos vivieron al menos (...) una etapa buena en Cuba". "Ser joven ahora es más difícil", dice Quiala, que abandonó la enseñanza media para dedicarse a la danza urbana.

Q.Pilar--TPP