The Prague Post - La vida decadente del oso polar lejos de la banquisa

EUR -
AED 4.117065
AFN 72.30521
ALL 91.245142
AMD 404.686077
ANG 2.006441
AOA 1028.0042
ARS 1696.358355
AUD 1.613597
AWG 2.017893
AZN 1.911639
BAM 1.958152
BBD 2.25638
BDT 138.306123
BGN 1.959409
BHD 0.423305
BIF 3354.639559
BMD 1.121052
BND 1.436687
BOB 13.124882
BRL 5.658505
BSD 1.120331
BTN 106.662114
BWP 15.390348
BYN 3.385351
BYR 21972.609785
BZD 2.253387
CAD 1.59395
CDF 2592.426077
CHF 0.930395
CLF 0.028072
CLP 1104.818937
CNY 7.502917
CNH 7.50317
COP 3584.707971
CRC 510.608749
CUC 1.121052
CUP 26.887175
CVE 110.398587
CZK 24.353389
DJF 199.496951
DKK 7.474718
DOP 68.611799
DZD 150.723114
EGP 59.471331
ERN 16.815773
ETB 180.349162
FJD 2.536968
FKP 0.852481
GBP 0.846613
GEL 2.903374
GGP 0.852481
GHS 13.068814
GIP 0.852481
GMD 82.95757
GNF 9855.574006
GTQ 8.561283
GYD 234.312339
HKD 8.797508
HNL 30.212864
HRK 7.531563
HTG 146.711453
HUF 363.773933
IDR 20136.21529
ILS 3.481403
IMP 0.852481
INR 106.541205
IQD 1698.393052
IRR 2007242.745627
ISK 136.297424
JEP 0.852481
JMD 177.929587
JOD 0.794812
JPY 177.053831
KES 145.467692
KGS 98.036182
KHR 4551.629468
KMF 495.504787
KPW 1008.946324
KRW 1511.2449
KWD 0.349589
KYD 0.933705
KZT 506.165709
LAK 25226.464854
LBP 100390.163906
LKR 370.793715
LRD 191.009426
LSL 18.553128
LTL 3.310174
LVL 0.678113
LYD 7.202785
MAD 11.026943
MDL 20.052997
MGA 5095.179153
MKD 61.649048
MMK 2353.585291
MNT 4032.108834
MOP 9.056237
MRU 45.100284
MUR 53.339604
MVR 17.320784
MWK 1951.750856
MXN 20.69622
MYR 4.575904
MZN 71.646726
NAD 18.564716
NGN 1491.144539
NIO 41.30516
NOK 10.646991
NPR 170.657458
NZD 1.997434
OMR 0.431032
PAB 1.120356
PEN 3.856972
PGK 4.982794
PHP 70.718736
PKR 310.587409
PLN 4.368889
PYG 6392.592749
QAR 4.08285
RON 5.333068
RSD 117.421173
RUB 93.7488
RWF 1653.550991
SAR 4.122548
SBD 9.040885
SCR 16.031727
SDG 674.311154
SEK 11.182786
SGD 1.437939
SHP 0.846109
SLE 27.667329
SLL 23507.894771
SOS 640.68708
SRD 42.277048
STD 23203.503062
STN 24.607081
SVC 9.80365
SYP 14575.911505
SZL 18.559034
THB 37.633493
TJS 10.34042
TMT 3.934891
TND 3.351664
TOP 2.699223
TRY 55.399344
TTD 7.619118
TWD 36.277789
TZS 2955.814864
UAH 50.352731
UGX 4526.477228
USD 1.121052
UYU 45.035298
UZS 13398.974281
VES 984.309696
VND 29010.010699
VUV 134.17822
WST 3.118343
XAF 655.957
XAG 0.020035
XAU 0.00027117414
XCD 3.029698
XCG 2.019306
XDR 0.792642
XOF 655.957
XPF 119.331742
YER 264.736042
ZAR 18.569681
ZMK 10090.811577
ZMW 22.267534
ZWL 360.978132
SSP 6472.754991
MXV 2.336947
La vida decadente del oso polar lejos de la banquisa
La vida decadente del oso polar lejos de la banquisa / Foto: Olivier MORIN - AFP

La vida decadente del oso polar lejos de la banquisa

En la Bahía canadiense de Hudson, en pleno verano, los últimos pedazos de hielo son como confetis en el agua azul. Un oso toma el sol frente a las olas, lejos de la banquisa, y de sus presas, las focas.

Tamaño del texto:

De poco le sirve su pelaje blanco para camuflarse. A su alrededor, la costa es casi plana, con rocas, hierbas altas, sauces con flores violetas, y árboles endebles que luchan contra el viento para crecer.

Los osos de la región viven un periodo crítico.

Cada año, desde finales de junio, cuando el hielo desaparece, se ven obligados a vivir en esta orilla y a ayunar. Un ayuno cada vez más largo y peligroso para ellos.

Una vez en tierra firme, "los osos suelen tener muy pocas opciones para alimentarse", explica Geoff York, biólogo de Polar Bear International (PBI).

Este estadounidense acude varias semanas al año a Churchill, un pueblo a las puertas del Ártico en la provincia canadiense de Manitoba, para ver cómo evoluciona este animal en peligro de extinción.

Se pueden ver fácilmente, desde vehículos todoterrenos adaptados a la tundra o desde lanchas en la Bahía de Hudson.

Un equipo de la AFP acompañó a Geoff York a principios de agosto en una de estas expediciones.

Cerca del impresionante macho tumbado al sol hay restos de espinas. Nada a la vista que quite el hambre a este animal de unos 3,5 metros y alrededor de 600 kilos de peso.

"En algunos lugares pueden encontrar un cadáver de ballena beluga o una foca imprudente cerca de la orilla, pero la mayoría de las veces ayunan y pierden alrededor de un kilo por día", afirma el científico.

En el Ártico el calentamiento global es tres veces más rápido que en otras partes del mundo, o incluso cuatro veces, según los estudios más recientes.

Poco a poco la banquisa, es decir las placas de hielo flotantes que constituyen el hábitat del oso polar, va desapareciendo.

Según un informe publicado en Nature Climate Change en 2020, esto podría provocar casi la extinción de este animal: de 1.200 osos polares en la década de 1980 en el oeste de la bahía de Hudson se ha pasado a unos 800 en la actualidad.

- Hambre en verano -

En verano la banquisa comienza a derretirse cada vez más temprano y en invierno la glaciación se retrasa. Los efectos del calentamiento global rompen los ritmos.

Ven reducida la posibilidad de acumular reservas de grasas y de calorías antes de que pasen hambre en verano.

El oso polar u oso blanco, también llamado Ursus maritimus, es un carnívoro que se alimenta principalmente de la grasa que envuelve el cuerpo de las focas.

Pero ahora, durante el verano, este depredador del Ártico se ve obligado a veces a comer algas.

Fue lo que le ocurrió a una osa y su osezno, cerca del puerto de Churchill, autoproclamado la "capital del oso polar".

El límite fuera del hielo "para las hembras, encargadas de alimentar a sus crías que amamantan hasta los dos años, ronda los 117 días" frente a los 180 de los machos, cuenta el estadounidense Steve Amstrup, científico jefe de PBI.

El número de nacimientos disminuye y cada vez es más raro que las hembras tengan tres crías, como solía ocurrir antes.

Un mundo decadente que Geoff York, de 54 años, conoce muy bien después de haberse pasado más de 20 años recorriendo el Ártico para la organización ecologista WWF y luego PBI.

Dos décadas salpicadas por alguna que otra cicatriz, como la que le dejaron en la pierna unos colmillos durante una captura en Alaska. O sustos, como aquella vez que se dio de bruces con una hembra en una guarida que pensó que estaba vacía. Aquel día este hombre tranquilo gritó "más fuerte que nunca".

Ahora el oso polar es un coloso con pies de barro.

En la Bahía de Hudson, "los osos polares permanecen en tierra en promedio un mes más que sus padres o abuelos".

"Cuando se debilitan físicamente, se arriesgan más para encontrar comida, incluso acercándose a las personas".

- Patrullas en la ciudad -

Prismáticos en mano, el oficial provincial de salvaguardia de la fauna Ian Van Nest avista las rocas que rodean Churchill, "donde a los osos les gusta esconderse".

En esta localidad de 800 habitantes, inaccesible en coche, los osos se han acostumbrado desde hace unos años a frecuentar el vertedero, fuente de comida fácil, pero nefasta, para ellos.

Se les ha visto haciendo trizas las bolsas de basura, comiendo plástico o hurgando en latas de conserva mientras los desechos están siendo quemados.

Desde entonces se han tomado precauciones. El vertedero se ha convertido en uno de los lugares mejor vigilados, con cámaras, vallas y patrullas.

Por toda la ciudad, las puertas de los coches y de las casas permanecen abiertas por si hubiera que refugiarse para escapar del carnívoro terrestre más grande.

Y en los muros figura el número de emergencia para contactar con Ian o sus colegas.

Cuando suena el teléfono de alerta se ponen en marcha: suben rápidamente a la camioneta armados con un rifle, repelente en aerosol y chaleco antibalas.

Ian Van Nest, treintañero de ojos azules, se toma muy en serio su cometido, que se ha vuelto crucial con la proliferación de plantígrados cerca de la ciudad.

"A veces tienes que aturdir al oso, a veces basta con tocar la bocina", cuenta a la AFP durante una inspección.

"Si hay que salir del coche, usamos las balas disuasorias. Le disparamos cerca (de donde se encuentra), no queremos herirlo".

Algunas zonas están más vigiladas que otras, especialmente en las inmediaciones del colegio antes de que abra, "para asegurarse de que las familias estén tranquilas".

El último mal recuerdo se remonta a 2013, cuando una mujer resultó gravemente herida por un oso frente a su casa. Salvó la vida por poco, gracias a que su vecino salió en pijama y pantuflas armado con una pala de nieve.

A veces deben capturar al animal y transportarlo por aire más al norte o ponerlo tras las rejas hasta el invierno.

La única cárcel de Churchill es para osos: 28 celdas, a veces llenas en otoño, cuando los osos merodean en masa por los alrededores de la ciudad, a la espera de que el hielo vuelva a formarse en noviembre.

- "Aire acondicionado" -

El caso del oso polar debería alarmarnos porque el Ártico es un buen "barómetro", sostiene Flavio Lehner, profesor de ciencias terrestres y atmosféricas en la Universidad Americana de Cornell, que también participó en la expedición.

Desde la década de 1980, la banquisa se ha reducido casi un 50% en verano, según el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (National Snow and Ice Data Center).

"Vemos aquí algunos de los cambios más significativos" en el mundo, dice el científico suizo.

Esta región es fundamental a mayor escala porque "es una especie de aire acondicionado del planeta gracias a este importante mecanismo de retroalimentación del hielo marino y la nieve en general", afirma.

Y es que un cambio en los casquetes polares modifica la temperatura de la superficie de la tierra: el hielo y la nieve son muy reflectantes, es decir su albedo (capacidad de reflejar una radiación) es alto. Y a más efecto albedo más se rebota la energía hacia la atmósfera y la superficie se calienta menos.

Cuando el Ártico pierde esta capacidad reflectante, la temperatura global en su conjunto se resiente.

Así, cuando el hielo marino se derrite, la superficie oceánica mucho más oscura que lo reemplaza absorbe, por el contrario, el 80% de la radiación solar, acelerando el calentamiento, añade Flavio Lehner.

Hace unos años, los científicos temían que la banquisa estival del Ártico alcanzara rápidamente un "punto de inflexión" climático y desapareciera permanentemente una vez superada cierta temperatura.

Los últimos estudios demuestran que el fenómeno es reversible. "Si un día conseguimos que las temperaturas bajen de nuevo, el hielo marino volverá", explica el científico.

Sin embargo, hoy en la región "todos los ecosistemas, sin excepción, se ven afectados" por los efectos del calentamiento global, explica la bióloga Jane Waterman de la universidad de Manitoba.

El permafrost, suelo que permanece congelado durante dos años consecutivos, ha comenzado a derretirse y en Churchill el paisaje ha cambiado, con consecuencias nefastas para la vida silvestre.

Toda la cadena alimentaria se ve amenazada, con la aparición de otros animales como los zorros rojos o los lobos que ponen en peligro a las especies árticas.

Según el científico canadiense, "nada se salva del cambio", desde los virus o las bacterias hasta las ballenas.

- Refugio estival de belugas -

Ni siquiera las belugas, que durante el verano migran por millares desde las aguas del Ártico hasta la Bahía de Hudson para refugiarse.

Hay pequeñas ballenas blancas por doquier, avanzando en pequeños grupos. Les gusta perseguir a los barcos de los científicos que han venido a estudiarlas.

Las más pequeñas, de color gris, se apoyan a lomos de sus madres en este estuario de aguas relativamente más cálidas donde pueden protegerse de las orcas y encontrar comida.

Pero en "algunas zonas del Ártico, la beluga tiene menos presas a su disposición", explica Valeria Vergana, una investigadora argentina que estudia estas ballenas.

"La ausencia de banquisa impide que el fitoplancton sobreviva y, por lo tanto, que alimente el zooplancton, que nutre a los peces grandes", explica la científica de Raincoast Conservation Foundation.

Las belugas tienen que sumergirse mucho más para encontrar comida, lo que requiere más energía.

En la bahía de Hudson les acecha un nuevo peligro: algunas predicciones estiman que a partir de 2030 los barcos podrían navegar allí todo el año debido a la reducción del hielo marino.

La contaminación acústica es un problema importante para la especie, apodada "canarios de mar" por la forma en la que se comunican (silbidos, chasquidos, zumbidos...).

El sonido les permite comunicarse pero también situarse, encontrar su camino y comida, explica Valeria Vergana.

Gracias al hidrófono del barco, el "Beluga Boat", las conversaciones de las profundidades salen a la superficie.

La investigadora de 53 años, especialista en este "complejísimo sistema de comunicación", es capaz de reconocer en particular los gritos de las madres para mantener el contacto con sus crías.

Una comunidad bulliciosa, que no se sabe cuánto resistirá en estas circunstancias.

Los científicos están alarmados. Muy lejos de la banquisa, este verano boreal se vio a una beluga en el río Sena, en Francia, y en mayo a un oso polar en el sur de Canadá.

T.Musil--TPP