The Prague Post - La vida decadente del oso polar lejos de la banquisa

EUR -
AED 4.28039
AFN 76.373838
ALL 92.355772
AMD 424.904175
ANG 2.086037
AOA 1069.952009
ARS 1764.889783
AUD 1.623792
AWG 2.097945
AZN 1.979027
BAM 1.954358
BBD 2.347048
BDT 143.108728
BGN 1.977157
BHD 0.439456
BIF 3484.92036
BMD 1.165525
BND 1.480195
BOB 13.45396
BRL 6.001172
BSD 1.16533
BTN 111.13016
BWP 15.572512
BYN 3.514377
BYR 22844.293997
BZD 2.343611
CAD 1.617638
CDF 2651.569777
CHF 0.938422
CLF 0.027237
CLP 1071.956647
CNY 7.835535
CNH 7.833751
COP 3647.639333
CRC 529.504847
CUC 1.165525
CUP 30.886418
CVE 110.782858
CZK 24.12544
DJF 207.137282
DKK 7.475375
DOP 67.920941
DZD 155.094135
EGP 58.538734
ERN 17.482878
ETB 187.171483
FJD 2.556055
FKP 0.85456
GBP 0.857302
GEL 3.031943
GGP 0.85456
GHS 13.048101
GIP 0.85456
GMD 85.633376
GNF 10230.401966
GTQ 8.890442
GYD 243.793881
HKD 9.136482
HNL 31.329507
HRK 7.53407
HTG 152.456227
HUF 362.19516
IDR 20718.376025
ILS 3.472741
IMP 0.85456
INR 111.226712
IQD 1527.42078
IRR 1602101.807446
ISK 140.631958
JEP 0.85456
JMD 184.649034
JOD 0.826387
JPY 185.537633
KES 150.842418
KGS 101.925283
KHR 4714.549476
KMF 493.017409
KPW 1048.973026
KRW 1614.205696
KWD 0.359809
KYD 0.971084
KZT 536.070748
LAK 26131.074749
LBP 104372.781634
LKR 382.912601
LRD 211.805074
LSL 18.030274
LTL 3.441493
LVL 0.705014
LYD 7.38359
MAD 10.797134
MDL 20.137145
MGA 5052.551977
MKD 61.533194
MMK 2447.217155
MNT 4194.531815
MOP 9.408759
MRU 46.737442
MUR 54.499809
MVR 18.018834
MWK 2023.352105
MXN 19.755314
MYR 4.692875
MZN 74.482852
NAD 18.613134
NGN 1567.351332
NIO 42.798222
NOK 10.898063
NPR 177.812829
NZD 1.960227
OMR 0.448131
PAB 1.16531
PEN 3.905645
PGK 5.162112
PHP 71.8721
PKR 323.491243
PLN 4.311942
PYG 6971.767273
QAR 4.248631
RON 5.257101
RSD 117.301988
RUB 98.369539
RWF 1713.32205
SAR 4.380233
SBD 9.324351
SCR 16.084795
SDG 700.480256
SEK 11.105649
SGD 1.482035
SHP 0.863498
SLE 28.788508
SLL 24440.479862
SOS 666.097555
SRD 44.009648
STD 24124.018535
STN 24.883963
SVC 10.196478
SYP 15154.158592
SZL 18.613487
THB 38.23214
TJS 10.755689
TMT 4.090993
TND 3.374783
TOP 2.806305
TRY 56.102324
TTD 7.916956
TWD 37.087948
TZS 3076.984253
UAH 51.921398
UGX 4355.78678
USD 1.165525
UYU 46.83545
UZS 13782.336144
VES 916.435336
VND 30426.035448
VUV 137.591902
WST 3.158611
XAF 655.467844
XAG 0.016923
XAU 0.000252
XCD 3.14989
XCG 2.100233
XDR 0.824087
XOF 655.609253
XPF 119.331742
YER 276.28743
ZAR 18.603705
ZMK 10491.124589
ZMW 22.11112
ZWL 375.29864
La vida decadente del oso polar lejos de la banquisa
La vida decadente del oso polar lejos de la banquisa / Foto: Olivier MORIN - AFP

La vida decadente del oso polar lejos de la banquisa

En la Bahía canadiense de Hudson, en pleno verano, los últimos pedazos de hielo son como confetis en el agua azul. Un oso toma el sol frente a las olas, lejos de la banquisa, y de sus presas, las focas.

Tamaño del texto:

De poco le sirve su pelaje blanco para camuflarse. A su alrededor, la costa es casi plana, con rocas, hierbas altas, sauces con flores violetas, y árboles endebles que luchan contra el viento para crecer.

Los osos de la región viven un periodo crítico.

Cada año, desde finales de junio, cuando el hielo desaparece, se ven obligados a vivir en esta orilla y a ayunar. Un ayuno cada vez más largo y peligroso para ellos.

Una vez en tierra firme, "los osos suelen tener muy pocas opciones para alimentarse", explica Geoff York, biólogo de Polar Bear International (PBI).

Este estadounidense acude varias semanas al año a Churchill, un pueblo a las puertas del Ártico en la provincia canadiense de Manitoba, para ver cómo evoluciona este animal en peligro de extinción.

Se pueden ver fácilmente, desde vehículos todoterrenos adaptados a la tundra o desde lanchas en la Bahía de Hudson.

Un equipo de la AFP acompañó a Geoff York a principios de agosto en una de estas expediciones.

Cerca del impresionante macho tumbado al sol hay restos de espinas. Nada a la vista que quite el hambre a este animal de unos 3,5 metros y alrededor de 600 kilos de peso.

"En algunos lugares pueden encontrar un cadáver de ballena beluga o una foca imprudente cerca de la orilla, pero la mayoría de las veces ayunan y pierden alrededor de un kilo por día", afirma el científico.

En el Ártico el calentamiento global es tres veces más rápido que en otras partes del mundo, o incluso cuatro veces, según los estudios más recientes.

Poco a poco la banquisa, es decir las placas de hielo flotantes que constituyen el hábitat del oso polar, va desapareciendo.

Según un informe publicado en Nature Climate Change en 2020, esto podría provocar casi la extinción de este animal: de 1.200 osos polares en la década de 1980 en el oeste de la bahía de Hudson se ha pasado a unos 800 en la actualidad.

- Hambre en verano -

En verano la banquisa comienza a derretirse cada vez más temprano y en invierno la glaciación se retrasa. Los efectos del calentamiento global rompen los ritmos.

Ven reducida la posibilidad de acumular reservas de grasas y de calorías antes de que pasen hambre en verano.

El oso polar u oso blanco, también llamado Ursus maritimus, es un carnívoro que se alimenta principalmente de la grasa que envuelve el cuerpo de las focas.

Pero ahora, durante el verano, este depredador del Ártico se ve obligado a veces a comer algas.

Fue lo que le ocurrió a una osa y su osezno, cerca del puerto de Churchill, autoproclamado la "capital del oso polar".

El límite fuera del hielo "para las hembras, encargadas de alimentar a sus crías que amamantan hasta los dos años, ronda los 117 días" frente a los 180 de los machos, cuenta el estadounidense Steve Amstrup, científico jefe de PBI.

El número de nacimientos disminuye y cada vez es más raro que las hembras tengan tres crías, como solía ocurrir antes.

Un mundo decadente que Geoff York, de 54 años, conoce muy bien después de haberse pasado más de 20 años recorriendo el Ártico para la organización ecologista WWF y luego PBI.

Dos décadas salpicadas por alguna que otra cicatriz, como la que le dejaron en la pierna unos colmillos durante una captura en Alaska. O sustos, como aquella vez que se dio de bruces con una hembra en una guarida que pensó que estaba vacía. Aquel día este hombre tranquilo gritó "más fuerte que nunca".

Ahora el oso polar es un coloso con pies de barro.

En la Bahía de Hudson, "los osos polares permanecen en tierra en promedio un mes más que sus padres o abuelos".

"Cuando se debilitan físicamente, se arriesgan más para encontrar comida, incluso acercándose a las personas".

- Patrullas en la ciudad -

Prismáticos en mano, el oficial provincial de salvaguardia de la fauna Ian Van Nest avista las rocas que rodean Churchill, "donde a los osos les gusta esconderse".

En esta localidad de 800 habitantes, inaccesible en coche, los osos se han acostumbrado desde hace unos años a frecuentar el vertedero, fuente de comida fácil, pero nefasta, para ellos.

Se les ha visto haciendo trizas las bolsas de basura, comiendo plástico o hurgando en latas de conserva mientras los desechos están siendo quemados.

Desde entonces se han tomado precauciones. El vertedero se ha convertido en uno de los lugares mejor vigilados, con cámaras, vallas y patrullas.

Por toda la ciudad, las puertas de los coches y de las casas permanecen abiertas por si hubiera que refugiarse para escapar del carnívoro terrestre más grande.

Y en los muros figura el número de emergencia para contactar con Ian o sus colegas.

Cuando suena el teléfono de alerta se ponen en marcha: suben rápidamente a la camioneta armados con un rifle, repelente en aerosol y chaleco antibalas.

Ian Van Nest, treintañero de ojos azules, se toma muy en serio su cometido, que se ha vuelto crucial con la proliferación de plantígrados cerca de la ciudad.

"A veces tienes que aturdir al oso, a veces basta con tocar la bocina", cuenta a la AFP durante una inspección.

"Si hay que salir del coche, usamos las balas disuasorias. Le disparamos cerca (de donde se encuentra), no queremos herirlo".

Algunas zonas están más vigiladas que otras, especialmente en las inmediaciones del colegio antes de que abra, "para asegurarse de que las familias estén tranquilas".

El último mal recuerdo se remonta a 2013, cuando una mujer resultó gravemente herida por un oso frente a su casa. Salvó la vida por poco, gracias a que su vecino salió en pijama y pantuflas armado con una pala de nieve.

A veces deben capturar al animal y transportarlo por aire más al norte o ponerlo tras las rejas hasta el invierno.

La única cárcel de Churchill es para osos: 28 celdas, a veces llenas en otoño, cuando los osos merodean en masa por los alrededores de la ciudad, a la espera de que el hielo vuelva a formarse en noviembre.

- "Aire acondicionado" -

El caso del oso polar debería alarmarnos porque el Ártico es un buen "barómetro", sostiene Flavio Lehner, profesor de ciencias terrestres y atmosféricas en la Universidad Americana de Cornell, que también participó en la expedición.

Desde la década de 1980, la banquisa se ha reducido casi un 50% en verano, según el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (National Snow and Ice Data Center).

"Vemos aquí algunos de los cambios más significativos" en el mundo, dice el científico suizo.

Esta región es fundamental a mayor escala porque "es una especie de aire acondicionado del planeta gracias a este importante mecanismo de retroalimentación del hielo marino y la nieve en general", afirma.

Y es que un cambio en los casquetes polares modifica la temperatura de la superficie de la tierra: el hielo y la nieve son muy reflectantes, es decir su albedo (capacidad de reflejar una radiación) es alto. Y a más efecto albedo más se rebota la energía hacia la atmósfera y la superficie se calienta menos.

Cuando el Ártico pierde esta capacidad reflectante, la temperatura global en su conjunto se resiente.

Así, cuando el hielo marino se derrite, la superficie oceánica mucho más oscura que lo reemplaza absorbe, por el contrario, el 80% de la radiación solar, acelerando el calentamiento, añade Flavio Lehner.

Hace unos años, los científicos temían que la banquisa estival del Ártico alcanzara rápidamente un "punto de inflexión" climático y desapareciera permanentemente una vez superada cierta temperatura.

Los últimos estudios demuestran que el fenómeno es reversible. "Si un día conseguimos que las temperaturas bajen de nuevo, el hielo marino volverá", explica el científico.

Sin embargo, hoy en la región "todos los ecosistemas, sin excepción, se ven afectados" por los efectos del calentamiento global, explica la bióloga Jane Waterman de la universidad de Manitoba.

El permafrost, suelo que permanece congelado durante dos años consecutivos, ha comenzado a derretirse y en Churchill el paisaje ha cambiado, con consecuencias nefastas para la vida silvestre.

Toda la cadena alimentaria se ve amenazada, con la aparición de otros animales como los zorros rojos o los lobos que ponen en peligro a las especies árticas.

Según el científico canadiense, "nada se salva del cambio", desde los virus o las bacterias hasta las ballenas.

- Refugio estival de belugas -

Ni siquiera las belugas, que durante el verano migran por millares desde las aguas del Ártico hasta la Bahía de Hudson para refugiarse.

Hay pequeñas ballenas blancas por doquier, avanzando en pequeños grupos. Les gusta perseguir a los barcos de los científicos que han venido a estudiarlas.

Las más pequeñas, de color gris, se apoyan a lomos de sus madres en este estuario de aguas relativamente más cálidas donde pueden protegerse de las orcas y encontrar comida.

Pero en "algunas zonas del Ártico, la beluga tiene menos presas a su disposición", explica Valeria Vergana, una investigadora argentina que estudia estas ballenas.

"La ausencia de banquisa impide que el fitoplancton sobreviva y, por lo tanto, que alimente el zooplancton, que nutre a los peces grandes", explica la científica de Raincoast Conservation Foundation.

Las belugas tienen que sumergirse mucho más para encontrar comida, lo que requiere más energía.

En la bahía de Hudson les acecha un nuevo peligro: algunas predicciones estiman que a partir de 2030 los barcos podrían navegar allí todo el año debido a la reducción del hielo marino.

La contaminación acústica es un problema importante para la especie, apodada "canarios de mar" por la forma en la que se comunican (silbidos, chasquidos, zumbidos...).

El sonido les permite comunicarse pero también situarse, encontrar su camino y comida, explica Valeria Vergana.

Gracias al hidrófono del barco, el "Beluga Boat", las conversaciones de las profundidades salen a la superficie.

La investigadora de 53 años, especialista en este "complejísimo sistema de comunicación", es capaz de reconocer en particular los gritos de las madres para mantener el contacto con sus crías.

Una comunidad bulliciosa, que no se sabe cuánto resistirá en estas circunstancias.

Los científicos están alarmados. Muy lejos de la banquisa, este verano boreal se vio a una beluga en el río Sena, en Francia, y en mayo a un oso polar en el sur de Canadá.

T.Musil--TPP