The Prague Post - "No sé cómo será mañana": la incertidumbre de desalojados por las inundaciones en Brasil

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"No sé cómo será mañana": la incertidumbre de desalojados por las inundaciones en Brasil
"No sé cómo será mañana": la incertidumbre de desalojados por las inundaciones en Brasil / Foto: Nelson Almeida - AFP

"No sé cómo será mañana": la incertidumbre de desalojados por las inundaciones en Brasil

Sobre un colchón en el suelo del mayor refugio de Porto Alegre, a Rafael Adriano Peres le cuesta moverse: fue atropellado por un auto en las primeras horas de las históricas inundaciones en el sur de Brasil y cuando salió del hospital con dos costillas rotas, su esposa había evacuado su pequeña morada, anegada.

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Reunidos de nuevo, Peres, de 35 años, se abraza a Mara, de 45. "No sé cómo será mañana. Vamos a tener que empezar de cero", afirma este hombre enjuto que se ganaba la vida como reciclador informal en la zona baja de la ciudad, todavía inundada por el desborde del río Guaiba.

Entre montañas de ropa y juguetes donados, casi 800 personas están refugiada en este gigantesco cobertizo de la capital del estado de Rio Grande do Sul, golpeado desde hace casi tres semanas por un desastre climático inédito, con más de 150 muertos y un centenar de desaparecidos.

Algunos desalojados albergan la esperanza de volver a su casa cuando el agua baje, otros ya la dan por perdida, como Marcia Beatriz Leal.

Con un suéter blanco de cuello alto y un tatuaje sobre la ceja, esta mujer, de 50 años, alquilaba una casa en la localidad de Estrela, en el interior devastado de la región, con su hijo Pietro, de 7 años, y su anciana madre, enferma de Alzhéimer, dormida a su lado.

"Es la tercera vez" que vive una inundación. "Esa sensación de luchar, conseguirlo de nuevo y de vuelta todo desaparece", afirma Leal, que se hallaba en Porto Alegre con ambos cuando empezó el diluvio sin fin. Ni intentó volver.

- "Nunca pensé que pasaría" -

Esta diseñadora de ropa para animales domésticos afirma sentirse más entera tras haber "llorado" durante una charla organizada por la unidad de salud mental de la alcaldía, en un espacio reservado del abrigo.

Confía en instalarse con su madre e hijo en otro lugar, más a salvo de las lluvias cada vez más intensas en la región y vinculadas por los científicos al cambio climático y al fenómeno El Niño.

Leal y Peres coinciden: "La naturaleza nos está devolviendo lo que le estamos haciendo", afirma ella.

Cubierto con una manta colorida junto a Mara, él tampoco tiene dudas: "El ser humano está acabando con el planeta y la tendencia es que empeore, mientras no se acabe con la deforestación en la Amazonía (...), con todo lo que está debilitando la atmósfera".

La tragedia en el sur de Brasil es una "prueba" de eso y "mañana puede pasar en Belo Horizonte (sureste), en otras ciudades", agrega este hombre, quien subraya que siempre pensó que "el agua nunca llegaría" a su casa.

- Miedo y resistencia -

Unas 13.000 personas se hallan en los 149 refugios montados en esta moderna ciudad de 1,4 millones de habitantes, según las autoridades locales.

Para Marta Fadrique, coordinadora de salud mental de la alcaldía, el miedo a que las inundaciones vuelvan a repetirse puede instalarse entre los más afectados, aunque apunta que entre la mayoría de casos esa sensación acaba menguando.

"El miedo es normal" en esta fase "aguda" de la catástrofe, así como la ansiedad, el insomnio y "la desconfianza hacia todo", asegura esta psicóloga en el patio exterior del abrigo, donde hay varias hileras de ropa secándose al sol y corretean varios niños desalojados, con un aire ajeno a la tragedia.

Habraham Elises Gil, de 25 años, es un venezolano que inmigró hace seis años debido a la situación económica en su país. Junto a su esposa y dos hijastros consiguió rehacer su vida en Porto Alegre como limpiador, instalarse en una casa y comprarse muebles.

Lo perdió todo pero ya está pensando en volver a empezar.

"Los niños nos dan fuerza. La vida continúa, mientras sigamos con vida, todo tiene que fluir", afirma.

D.Dvorak--TPP