La Sagrada Familia de Barcelona alcanza la cima con su final todavía en el aire
La Sagrada Familia coronará próximamente su torre central convertida en la iglesia más alta del mundo, pero esta obra colosal que concibió Antoni Gaudí hace más de 140 años todavía debe resolver el conflicto para construir su fachada principal antes de poner fecha a su final.
En una plataforma a 54 metros de altura se ultima entre andamios la enorme pieza que pronto completará la cruz tridimensional que corona la torre de Jesucristo, y a cuya inauguración en junio está invitado el papa León XIV, quien todavía no confirmó su presencia.
Una larga grúa amarilla alzará próximamente, asistida por unos escaladores, la pieza que elevará hasta los 172,5 metros el pico de esta obra que hace poco le arrebató al templo de Ulm, en Alemania, el récord de iglesia más alta del mundo.
Su cima quedará apenas unos metros por debajo de la montaña de Montjuic, de 177 metros.
De profunda fe católica, "Gaudí no quería sobrepasar esta cota", la de la obra de Dios, según recuerda el arquitecto responsable de los terminales, Mauricio Cortés, entre las estructuras metálicas que recorren el relieve en construcción del monumento de pago más visitado de España.
Cuando la estructura esté terminada, y sus andamios retirados, la torre será bendecida el 10 de junio, coincidiendo con el centenario de la muerte del genial arquitecto catalán, enterrado en la cripta de esta basílica de la que asumió las riendas en 1883.
"Con la colocación de la cruz estaremos casi al 80% del conjunto construido", explica a la AFP Jordi Faulí, el arquitecto que dirige las obras desde hace más de una década, en una sala apartada del intenso trasiego de visitantes, junto a varias maquetas del templo.
- Conflicto -
Estos no eran, sin embargo, los planes que la junta constructora, una fundación canónica privada, tenía hasta antes de la pandemia, cuando mantenía la intención de concluir la obra en 2026. Pero el coronavirus detuvo el turismo mundial y congeló los ingresos de la Sagrada Familia, que se financia principalmente con las entradas de los visitantes y con donativos privados.
Ahora, con el turismo recuperado -en 2024 recibieron 4,8 millones de visitantes-, la junta se resiste a fijar una nueva fecha para acabar las partes que faltan, entre ellas la controvertida fachada de la Gloria y sus cuatro campanarios.
Según el proyecto que defienden los constructores, la entrada principal de la basílica debe estar precedida por una gran escalinata y una plaza, cuya ejecución implicaría derribar varios edificios de viviendas.
Pero sus habitantes llevan años luchando para impedirlo.
"Nuestros pisos son legales", defiende una pancarta que cuelga de uno de los inmuebles afectados.
Los habitantes de estos edificios aseguran que compraron sus casas correctamente, sin que nadie les advirtiera que la zona podría formar parte del conjunto del templo.
"La Sagrada Familia es propietaria de un terreno, no es propietaria del resto. Entonces, ¿por qué tiene que venir a mi casa?", reclama Salvador Barroso, presidente de la Asociación de Afectados por las Obras de la Sagrada Familia.
Él adquirió su vivienda a finales de la década de 1980 y afirma que solo comenzó a escuchar a hablar del proyecto de la escalinata desde que los Juegos Olímpicos de Barcelona-1992 cambiaron el concepto de la ciudad, convirtiéndola en un icono turístico.
"Esto lo que es realmente es un negocio", asegura Barroso sobre el desarrollo del templo.
- "Extraordinario" -
Para los vecinos, además, no está claro que la polémica escalinata formara parte del proyecto original de Gaudí, cuyas maquetas fueron destruidas en gran parte durante la Guerra Civil (1936-1939), como suelen señalar quienes critican que el templo ha perdido la esencia de su creador.
"Estamos, en todas las partes del proyecto, siguiendo con fidelidad lo que Gaudí quería", defiende no obstante Faulí, recordando que, además de otros documentos salvados, parte de las maquetas fueron reconstruidas después por sus discípulos.
"Gaudí era un arquitecto extraordinario y vale la pena seguir su proyecto y acabarlo", añade con la esperanza de encontrar una "solución justa" para construir la fachada de la Gloria.
El conflicto deberá ser mediado por el Ayuntamiento, que en plena crisis de acceso a la vivienda en la ciudad asegura que no habrá ningún acuerdo que no garantice soluciones habitacionales para los vecinos.
Pero, tras años de desencuentros, el desenlace de la interminable Sagrada Familia parece cada vez más cerca.
"Espero que se solvente el litigio. Lo que no sabría decir es si se va a solventar en los juzgados o (...) sentados en una mesa", confiesa Barroso.
F.Prochazka--TPP