La clase política de Kenia explota a jóvenes pobres para provocar disturbios
Por unos 3 dólares y medio por cabeza, los políticos de Kenia pueden contratar a falsos simpatizantes para que acudan a un mitin o a matones para atacar a sus rivales. Un fenómeno viejo que volvió a tomar fuerza a un año de las elecciones.
Llamados "goons" (esbirros) en Kenia, estos matones se reclutan por decenas o centenas entre los numerosos jóvenes desempleados que hay en el país, y los envían a perturbar mítines o reuniones de oponentes políticos, o a convertir una manifestación pacífica en un campo de batalla.
La policía, por su parte, suele hacer la vista gorda.
Según un estudio reciente del centro de investigación Odipo Dev, radicado en Nairobi, lo que les pagan varía en función de quien dé la orden: un dirigente local pagará 500 chelines kenianos (3,8 dólares), mientras que un diputado, hasta 1.000 shillings (7,73 dólares).
Marius, uno de los cinco 'goons' que hablaron con la AFP, a condición de que se los identificara con pseudónimos, se metió en este trabajo a los 17 años.
"Soy un 'goon' y estoy orgulloso de decirlo", afirma firmemente el hombre, de 27 años. Pero, conforme avanza la conversación, su desdén va cayendo, cuando cuenta que, de niño, soñaba con ser cirujano. Algo fuera de su alcance por los bajos ingresos de su familia.
A Marius lo crio su madre, soltera, en Korogocho, una enorme barriada de Nairobi pegada a un gran vertedero. Tuvo que dejar la escuela muy pronto y se define a sí mismo como "una especie de iletrado" que tenía como única opción convertirse en un maleante mercenario.
"Acabas siendo 'goon' para, por lo menos, ganar algo" para vivir, explica. Su oficio no está exento de riesgos: a él le faltan cinco dientes, que perdió en una violenta pelea financiada por un político que quería perturbar la apertura de un hospital inaugurado por un rival.
Otra herida: ya no ve más a su hijo. "No quiero exponerlo a lo que hago (...), no quiero que siga mis pasos", admite.
Uno se convierte en 'goon' porque "no tiene elección", explica Daniel, de 28 años.
- Pasividad policial -
Todos 'goons' entrevistados por la AFP afirman que han trabajado para el bando del presidente William Ruto. El gobierno niega recurrir a esta táctica, pese a las acusaciones recurrentes de la oposición.
"Vemos 'goons' en todo el país pagados por la clase política en su conjunto", de todos los bandos, explica a la AFP Ojiro Odhiambo, de la oenegé Comisión de Derechos Humanos de Kenia (KHRC).
"Si esta tendencia continúa (...) Kenia no tendrá elecciones libres, igualitarias y pacíficas" en agosto de 2027, teme Hussein Khalid, de la oenegé Vocal Africa.
La policía, en tanto, ha sido acusada de no hacer nada o, incluso, de facilitar estas acciones.
Durante unas manifestaciones antigubernamentales ocurridas en 2025, periodistas de la AFP vieron a cientos de 'goons', en un principio mezclados entre los policías, atacando de repente a los manifestantes y saqueando y vandalizando tiendas del centro de Nairobi.
En junio, decenas de ellos interrumpieron violentamente una reunión de defensores de los derechos cívicos en una sala de la catedral anglicana All Saints. En unas imágenes captadas por cámaras de seguridad, se ve claramente a policías uniformados dejándolos entrar, algunos de ellos armados con palos y la mayoría, con la cara descubierta.
"La policía no trabaja con 'goons' o criminales. Son unas acusaciones grotescas", insiste no obstante Michael Muchiri, un portavoz del cuerpo armado, dando cuenta de arrestos e investigaciones en curso.
- Alcohol y drogas -
El fenómeno no es nada nuevo en Kenia.
De cara a las elecciones de finales de 1992, el presidente Daniel arap Moi (1978-2002), que acababa de abolir el monopolio de su partido único, Kanu, ante la presión popular, reunió a multitud de jóvenes en un movimiento llamado "Juventud por Kanu '92" (YK'92).
Oficialmente encargado de movilizar a la juventud, el YK'92 fue acusado de sobornar a los votantes y de aterrorizar a los oponentes.
Entre sus responsables se encontraba un joven William Ruto, actualmente al frente del Estado, tras haber sido inculpado durante un tiempo por la Corte Penal Internacional (CPI) por su supuesto papel en los enfrentamientos violentos poselectorales de 2007-2008. Unas acusaciones que se acabaron abandonando por la presión ejercida sobre los testigos.
En los últimos tiempos, el recurso a los 'goons' se disparó desde el movimiento de protesta de 2024 y 2025 contra Ruto, según Marius, que afirma que "se utilizaron 'goons' para aplastar" a los manifestantes.
Con todo, varios de estos hombres aseguraron a la AFP que preferirían tener un verdadero empleo. "Oímos decir que la educación es la clave pero (...) nunca logramos abrir el candado", dice, irónico, Daniel.
Según el Banco Mundial, el país no puede ofrecer más que 100.000 puestos de trabajo al año, mientras que son 800.000 los jóvenes que llegan al mercado de trabajo.
'Goon' desde 2017, Daniel se arrepiente de varias cosas, como cuando le "pegó incluso a una mujer" que "podría ser [su] madre".
"Estando sobrio no es fácil" hacer todo eso, asegura. Así que los que les pagan les dan alcohol y drogas antes de cada operación.
Los pagos se hacen en metálico (a veces con billetes nuevos, según dijo un 'goon' a la AFP), y a menudo les dan un adelanto.
En general, trabajan por grupos de entre 20 y 50 personas, dirigidos por un jefe.
- La parte del pastel -
Y aunque Daniel es consciente de que los políticos lo utilizan "como un pañuelo de usar y tirar", el dinero sigue motivándolo.
"Nos vemos ricos en los ocho meses que vienen porque la campaña [electoral] va a empezar", dice.
Otro de los beneficios, cuenta Dennis, es el respeto que se ganan en el barrio. "Somos héroes para los chavales", afirma.
El más audaz, el más violento, "el que más a fondo" va, como dice un 'goon' de 23 años, puede incluso convertirse en un "pez gordo", un intermediario entre los alborotadores y los que están al mando.
En cuanto a la política, para ellos, gritar lemas a favor de Ruto o aterrorizar a los oponentes no es más que un trabajo.
Frente a un sistema sumido en la corrupción, en el que se compran hasta los votos en el Parlamento, los jóvenes entrevistados no ven por qué tendrían que quedarse ellos sin su parte del pastel.
"Si no puedes vencerlos, únete a ellos", comenta Daniel.
U.Ptacek--TPP